Thursday, January 26, 2017

Los días que no habían de llegar
al fin llegaron.
Decir era algo que me explotaba en la boca.
Tan de no andar, de no torcer
Era sólo el cuento, la posibilidad;
media hora antes.
Prefiero respirar sin techos a ver tus ojos.
Ya ves qué tonta, qué tierna,
qué en balde.
Dejaron
para el sol las sombras
y me subí en lo alto
no fuera a ser que encontraras otra firmeza.
Todavía podías llegar.
Yo ya lo supe.
A tientas andaba la tarde
y tu puerta
lejos de tan cerca
arropando
el mirar despierto del callejón.
Pero ni andarme pude.
A los broncos.
Las palabrejas chicas enterradas entre piedras.
Y eras todos esos pasos
y ninguno.
Todo eras. La siembre. El manjar.

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