Saturday, June 16, 2012

Hubo un estío
que comenzó con una excursión
improvisada
y solitaria
de doce kilómetros.
La fiesta adolescente
en la que desembocó
mereció un verano
de pocos helados.

Mi abuelo era ferroviario.
Guardaba máquinas de escribir
y plumillas,
así que lo único que amo
rodea montañas.

Como no teníamos mar
aprendimos a mirar al horizonte
quieto
de los campos de Castilla.
Y había noches,
te lo juro,
que era azul y se movía.

Ahora le echan sal
a las piscinas
y con este agua
ya no me pican los ojos.
Debe ser que Kurt tenía razón
los peces no tienen sentimientos
y se me está olvidando llorar.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Sublime

3:42 PM  

Post a Comment

<< Home