Saturday, May 26, 2012

Era junio de dos mil siete
y estábamos estrenando la vida
(supongo que todavía hoy).
Fuimos a la feria del libro,
en vez de a la biblioteca,
como aquello que decía Calamaro
del estudiante el día de la primavera.
Compramos libros de poesía,
nos descalzamos en los jardines del retiro,
y nos sonreíamos nerviosas
si reconocíamos a alguno
de todos aquellos
que andaban firmando libros.
Nos enamoramos de un actor alemán,
inventamos viajes
y vidas.
Teníamos diecinueve años
y demasiada inocencia en las pestañas.
Lo cierto es que ahora, con el tiempo,
reconozco que no terminé de entender los versos
de aquella amada invencible
que me dedicó Fernando Beltrán.

Necesitaba tiempo

y amar.

Es posible.

1 Comments:

Blogger Beauséant said...

cada cosa a su tiempo, ¿verdad? Lástima que uno vaya juntando piezas un poco al azar y nunca sabe si logrará terminar de armar el puzzle o todo será un desorden sin sentido ni partitura.

2:17 PM  

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