Tuesday, January 24, 2012

A veces las vidas se construyen a medias y es difícil que sigan teniendo sentido a solas

Aquella pareja, con la que compartimos sofás nosotras, las tres. Que, total, entrabamos de sobra, y a Sandra le enterneció tanto que él le dijera a ella ‘vaya, yo lo que quería era traerte al sitio junto a la ventana’.

Eran… eran sus gafas, de pasta y silueta, o su aspecto.


La forma de moverse, de hablarse, de tocarse despacio… la delicadeza con la que leían revistas y las apartaban luego, y bebían vino y se besaban pequeño. Los gestos con que ella invitó a él a marcharse a casa, qué importa de quién, si estaba cerca. Y esa manera con la que él le preguntó ‘¿te apetece?’ justo antes de empezar a hacerse el amor, o follarse mutuamente, si es que acaso hay diferencias. No era necesaria la pregunta, no a esas alturas de la noche, no tras haber subido a su piso sin necesidad de excusas, con un ‘vente’ en boca ajena y un ‘vale’ en la propia. Y giraban las manos en torno a los cuerpos, como quién se agarra al trapecio y cruza la pista con los ojos cerrados y loa brazos bien estirados.

Se les olvidó desayunar, o si lo hicieron sería un zumo recién exprimido. Aquella mañana, cuando todo el frío recayó sobre la ciudad y el calor del mundo escogió sus cuerpos. Aunque la mañana no existió, ya nunca lo hace. Y él se asomó a la ventana cuando el sol estaba tan arriba, y su sombra era exageradamente pequeña. A ella, por su parte, se le ocurrió una sorpresa, para su cumpleaños, o para un día cualquiera. Y no dijo nada.


Pasó el día, volvieron a la cama tres, o cuatro, veces. Tal vez nunca salieron de ella. Y a las ocho en punto de la tarde, cada uno con su respectivo portaminas de acero, repasaron, él sus clases del martes, ellas unos diseños pendientes. Y se retorcieron entre cuadernos con tapas de cuero y hojas blancas. Se besaron, otra vez pequeño, y nunca encendieron la tele. Creo que ella propuso poner un disco de Meiko, y que a él no le salía de la cabeza Jack Johnson desde que lo escucharon anoche, con el vino. No importa. Llegaron a un acuerdo, que tampoco importa. Hicieron la cena a medias, dejaron los platos sin fregar y el uno le propuso al otro ‘ya para la hora que es, te podías volver a quedar a dormir, y mañana sales desde aquí’. Y ‘sí, estaría bien, pero necesitaría otra ducha, y una camisa, y algo de ropa interior’. ‘Pues para otra vez’. ‘Sí, para otra vez’. Aunque lo cierto es que ‘otra vez’ se convirtió en media hora después, el tiempo de ir a casa, recoger el par de cosas y volver.


Ahora leen, los dos, con pijamas de rayas grises y blancas, y algodón, sobre otro sofá.

Y es tan hermoso.

Monday, January 23, 2012

Un cuello,
menudo,
que huele a vainilla.


Me mordiste
y me brotaron pecas.

Tuesday, January 10, 2012

Y ahora cada vez
que me siento en un andén,
tomo un metro o un tranvía,
espero al bus
o subo a cualquier otro
transporte público
escribo.
A penas leo.
Casi no escucho música.
Olvido observar a los viajeros,
pensar en mis cosas,
jugar con los niños.
Mirar por la ventana.

Friday, January 06, 2012

Hubo un tiempo en el que los reyes me traían palabras.
Supongo que, de alguna forma, aún hoy me las siguen trayendo.

Thursday, January 05, 2012

Se acaba el mundo.
Inventemos otros.

Sunday, January 01, 2012

Todos tus nombres empiezan por jota.