Thursday, September 22, 2011

Comienzo este diario de viaje sin estar de viaje.
Quieta, quietísima; y sin intención alguna de moverme.
Empiezo a escribir aquí y no en el cuaderno que, según mi propia disciplina, debería.
Pero no importa. Da igual que este no sea el lugar, Maripuri, porque siempre siempre es el momento. Y a este debería estar pasándole lo mismo. Empiezo a escribir, al fin, largo y tendido
en esta nueva ciudad, en este deseo que pensé tan fuerte que se ha terminado por cumplir y ahora ya no sé muy bien qué hacer con él; porque siempre es más fácil desear que abrazar realidades, porque esperando se unen posibilidades desiertas
y yo hace mucho que no utilizo reloj.
Esta "uve" que me he pedido en la vida, todavía no sé bien si porque se me desataron los cordones
o porque estaban a punto de pillarme. Y no me apetece velármela. No ahora.

Escribo mientras llega el otoño en los calendarios, más suave que nunca en este este que tiende al sur y al infinito a partes iguales. Aunque todavía puedan llegar los mejores días del verano.

<< -Pero ya no es verano.
- ¡Qué más da.>>

Y aquí que atardece tan pronto y tan despacio, que las tardes se terminan como helados derretidos de cucurucho, como inviernos sin nieve.

Se termina el verano, claudica.
Con sus periódicos llenos de titulares, lejos (muy lejos ya) de esos agostos vacíos y aburridos en un hotel de tres estrellas (pensión completa). Con los viajes con ida y vuelta, nunca demasiado lejos, con esa sensación de viernes en lavapiés y martes 'a las ocho en sol'. Con carreras nocturnas frente a porras de policía y mañanas vendiendo imanes y postales.
Con Madrid en las pestañas, y Sanabria en las entrañas, y las ganas de ir siempre a dónde no se puede estar.
se inaugura el curso, pero no puedo estrenar material escoloar, porque no hay excusa lectiva en la que apoyarme, tan sólo créditos que dejé con alevosía y a sabiendas, no fuera a ser que alguien decidiera plantearme la recurrente cuestión de 'qué vas a hacer con tu vida' ahora que todo termina. Decir 'ni puta idea' puede sonar regular en según qué oídos.

Un verano que no ha sido verano más que a cachos. A trocitos de "noches de" y otros calificativos. O decir 'me gustas' con las gotitas de limón, las burbujas de la cocacola y los restos de sal en los labios. De escuchar 'te quiero', bien de noche, sin importar que sea mentira.
Enseñar las rodillas y observar la espalda ajena.
Dar volteretas en las piscinas con cloro y, no menos importantes, impregnarse del olor a tierra y polvo de ciertos campos y montañas.
Besar a una abuela de noventa que bebe caipirinhas y observar (tan sólo) una estrella fugaz cruzando el cielo, la noche de san juan, en la ronda de embajadores.
Escribir de poco a nada y escuchar canciones que me hagan sentir bien. Leer periódicos como quién lee una buena novela, devorando, con pasión. Volver a sentir la complicidad de las mejores amigas; y también de las nuevas.

Comenzar. Mientras se oscurece la ciudad.
Y es que es normal marearse un poco, a veces, en estas calles. Es el movimiento del mar.

Wednesday, September 14, 2011

uve.

La ciudad de las palmeras y las bicicletas. De los amaneceres bonitos.
La uve del pilla-pilla. El río convertido en parque. La ciudad que come vocales y juega con las consonantes. Las azoteas para tender o cenar. Los bares en cada esquina en un país lleno de bares. Las tiendas pequeñas y los helados cremosos. El deporte; y la sección 'otra poesía' en la biblioteca que un día fue hospital. Los adolescentes con pelo azul reuinidos en el museo de arte moderno.
El tranvía.
La gente exageradamente amable que parece sacada de 'El show de Truman'. La humedad en el ambiente. La playa, que es fea, pero es playa.
Y los veleros en el horizontes a última hora de la tarde.
Mi tía, mi tío y mis primos (segundos), y saber que las familias son esto. El correspondiente gen Casalderrey. La plaza redona. Xarxa, que ha sido la primera palabra no-deductible que he deducido del valenciano. Los acentos al revés. Los metros que vienen por la izquierda. Los bordillos altos. Un piso color miel.
Las ventajas de tener barra americana. Las cajas forradas de azul para ordenar las cosas. El calendario de cartulina negra y rotulador de plata. Los 30.700 megas. Vivir sin tele. La radio a todas horas.

Y el Levante, que se lo lleva todo.