Tuesday, July 29, 2008

Compré una bolsita de sugus para el viaje.
Viajabamos de zeta al centro, tú te comías todos los horizontes lisos de los que te había hablado, equilibrio.
- ¿Otro?- pregunté.
Eran dos amarillos, de limón. Uno para ti, otro para mi.
Yo desenvolví el mío deprisa.
Mi caramelo estaba libre y el tuyo se atascaba en el papel de Suchard.
Estuve a punto de no hacerlo, pero terminé por meter mi caramelo en tu boca, que sonrío. Establecimos así uno de esos pactos que no hace falta decir: tu caramelo terminaría entre mis dientes.
Pero a tu sugus de limón se le había pegado demasiado ese papelito blanco y fino, y parecía imposible separarlos.
- Si lo llego a saber, no te doy el mío- bromeé.
- Si lo llego a saber yo, no te dejo que me lo des- contestaste un poco serio.

Continuamos intentándolo, pero entre ese caramelo y su papel se había establecido una especie de atracción extraña, imantados tal vez, que no pensaba dejárnoslo fácil.
- Pero, ¿sabes qué es lo bueno de esto?- preguntasté derepente. Y me diste uno de esos besos sin tiempo para respirar.
Allí, sobre la punta de tu lengua, reposaba el caramelo; empujado,con dulzura, por ti; dirigiéndose, vertiginosamente, hacia mi.

1 Comments:

Blogger Beauséant said...

nunca había pensando en todas las connotaciones eróticas de esos caramelos.. claro, pertenecen a mi infancia y no pensaba en esas cosas :)

3:56 AM  

Post a Comment

<< Home