Thursday, May 29, 2008

A cinco minutos de Estocolmo
del verano.
A cinco minutos de elevar el vuelo
de perder los trenes
de improvisar autobuses.
A cinco minutos de jugar a los cromos
de no dormir.
A cinco minutos de café con vainilla
de que llueva
de una canción por teléfono.
A cinco minutos de un beso que se convierta en haiku.

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