Wednesday, June 21, 2006

PIÑA

El comienzo del final (que inevitablemente lleva anudado otro principio).
Porque todo empezó en 3º ESO. (TODO). El instituto estaba dispuesto a que nos perdiéramos dentro, pero nosotros nos empeñamos en orientarnos. Tanto, que acabamos supiendo los secretos de las escaleras (por donde sube “la Jefa”, por donde los de guardia...). Y así, empezamos a recorrer los pasillos y sentarnos a hablar en los bancos. Los bocatas del Quini en el recreo y tener 14 años hicieron lo demás. Los amigos empezaron a perfilarse en el horizonte, como si adivináramos todo lo que nos quedaba.
Y el no a la guerra, claro y conciso, colgando en la entrada. Sólo pedimos que le deis una oportunidad a la paz, que diría John Lennon. Sal, en Iraq están cayendo bombas, aquí sólo es agua, que me dijo algún profesor.
Y después el verano y Búbal (sólo si has estado en un pueblo abandonado sabes de lo que hablo). Porque hasta en eso intervino el instituto. Y sé que, sin haber ido allí, no seria como soy, no igual.
Y cuarto. Con los quince ya cumplidos y los bolsillos llenos de canciones. Reencontrar a compañeros de la infancia, aprender a amar de puntillas, sonreír sin un porqué y escuchar. La mina, que es como volver a casa (a alguna casa). Escaparnos, sólo de vez en cuando, sólo si la ocasión lo merece.
Y de repente trenes que explotan, llevándose vidas y un poco de inocencia con ellos. Las lágrimas, la incomprensión y la impotencia. Gritar, y el silencio (NO AL TERRORISMO. PAZ) Aprender a querernos un poco más, a odiarnos un poco menos (siempre se aprende más de un beso que de una torta). Y el país cambiando de color entre acusaciones de mentira.
Pero seguimos adelante, bailando en el hall, buscando el norte ante el salón de actos. Escribir una carta a toda la clase, sospechando ya que el final, aunque distante, se acercaba. (no todo está escrito) Intuir a un chico interesante en el Claudino y más tarde entender que era el Principito. Descubrir el azul (poeta con los ojos de leche). Ser la mitad de un nombre infranqueable. Reconciliarme con la chica del lunar. Los mensajes de los viernes (Afrilú tiene canción...) Amar lo que odio. Una chica sorprendente.
Primero fue espectacular. La clase estaba unida. Sólo una palabra es necesaria para demostrarlo (Carusell) Y encontrar una pandilla de verdad. Y una palomita (que somos amigos desde pequeños, que hemos ido juntos de campamento). Y una chica hecha de lluvia. Todas esas cosas que nunca se dicen. Como sentir vértigo.
La semana en Gerona nos trajo playa y una luna en cada farola. Unos ojos verdes descubriendo el mar. Los 17 llegaron con los pies en la arena, prometiendo ver amanecer. Y bailar divertidos cuando llega el verano. Brindar por esos apuntes (que al parecer tantas vidas han salvado). Guardando todas las conversaciones. Porque somos diferentes, pero aprendimos a hablar. Interesándonos por lo que piensa el otro, sus razones. Y pasábamos el tiempo entre las clases dialogando.
Y llegó segundo. Temiendo el final. Temiendo no aprovecharlo todo. Así aparecieron las camisetas de rayas y la revolución de las capuchas, que aunque empezó mucho antes, tomo su verdadero sentido con la unión de los demás. Y Tere colándome en la cafetería (un sándwich de huevo). Y nuestra bedel preferida, siempre sonriendo, siempre con cariño. Abrazos que se vuelven de color fucsia. Compartir el banco del pasillo (como dijo Massiel: la la la la)
Teatro, como si fuera un mundo aparte (y frito estoy, porque todos van al baile y yo no voy). Admirar a los pequeños. Actuar en un teatro de verdad, sin que lo demás afecte. Disfrutar. Enamorarme de mi mejor amigo (dibujando una espiral). Quince sugus, porque no sobran siempre los motivos. Y una profesora, que sin saberlo ya lo ha hecho todo.
Italia, el viaje que trajo a otros vistiendo nuestros cuerpos. Saltar muy alto para alcanzar todo lo que tiene que ser vivido, y a la vez intentar parar un poco, detener el tiempo.
Un final frenético; demasiados exámenes para ser primavera. Y qué importa eso ahora que podemos tocarnos de puntillas, ahora que sabemos que sí.
Yuxtaponer.

Así que piña (cuando no sepa que decir, diga piña).
Y así me quedaré, mirando las escaleras, intentando fotografiar todos los recuerdos con la mirada (tal vez, por fin, haya conseguido incorporar la polaroid a los ojos)
Y diré piña.
Porque no me atrevo a decir adiós.

8 Comments:

Blogger eliwho said...

jobar... qué bonito! y qué triste...esto es como un carrete de fotos...se acaba...y luego viene el revelado...que son lo mejor...los recuerdos que quedan...spero q sean mas wenos q malos..y scuxa..Madrid nos spera.

4:13 PM  
Blogger Clifor said...

Nunca es necesario decir adiós. Nadie se va del todo.

1:20 AM  
Anonymous tembleque en las pestañas said...

Porque últimamente nos alejamos más que de costumbre...pero nos acercamos de un salto.
Me hacen cosquillas en la oreja...me hacen llorar y no es de alergia...(ni de alegría, aunque tenga las mismas letras).
Pardiez!! Vive Dios que diré Piña!
Gracias.

11:51 AM  
Anonymous Jaio said...

Piña!Piñapiñapiñapiña!!
Todo lo demas, ya esta dicho.
(sigo esperando, esperare)

11:18 AM  
Blogger pqueno said...

interesante cambio...

piña...

desapareceré aquí...

abrazos ausientes desde el norte

(...y suerte, ahora q sigue todo)

4:56 AM  
Blogger fer said...

intensas fotografías de la memoria y qué gran receta contra la melancolía.

5:16 AM  
Blogger el santo job said...

precioso, como siempre
no hay finales, solo pricipios tras una cortina
y digo PIÑA!
Un beso

1:57 PM  
Blogger flores sin razon said...

gracias x hacerme llorar mientras sonrio..... muchas gracias, hacia tiempo que no recordaba esos momentos, esas fotos de finales que anuncia que lo mejor esta por llegar xq algo que comienza con sonrisas tiene todas las papeletas No cabe en las posibilades lo d ya sera otra vez.
NO. como en el anuncio de las drogas pero esta vez siendo por mi parte verdad

6:41 PM  

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