Tuesday, January 10, 2006

diciembre


Primero llegaron tus palabras del paleozoico. Con letras hercinianas.
Eras zócalo.
Pero mis pensamientos alpinos te fracturaron.
Eras graven los días de lluvia y horst en primavera.
Así, con tus relatos llenos de fallas, me encontré con tus sentimientos mesozoicos. Llenos de recuerdos de mar, de esas conchas de la playa que se quedan en el bolsillo de la playa, de pensamientos calizos. Porque tras tus palabras cratonizadas había ideas blandas. (Sedimentos de río que se habían ido posando sobre tus miradas, en las cuencas geosinclinales de tus ojos)
Y llegaron mis movimientos alpinos, como cada vez que tú tocabas el timbre de mi casa y subías las escaleras hasta el tercero. Yo sólo conseguía provocar levantamientos y hundimientos (arriba y abajo). Y hacíamos ondulaciones en el terreno, que cada vez se parecían más a una espiral.
Por último lego el hielo. El frío del invierno. El glaciar, el lago, los valles y los ibones. El frío polar arañándolo todo. Y tu piel llena de arrugas por las que discurren ríos.
Y cada vez más cerca.

1 Comments:

Blogger AsDePiqas said...

Me gustaría ser un poco más listo -sólo un poquito- para ver qué significa para ti ese invierno que ya te he leído dos veces, qué pinceladas personales le has dado, si es un invierno con silencios azules o quizás blancos o grises.



Estoy metafísicamente KO con tu blog.

1:03 PM  

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