Friday, February 17, 2012

Somos más, mucho más,
todas las personas a las queremos
y querremos
que aquellas a las que quisimos
y ya no queremos más.

Friday, February 03, 2012

Sí, hasta compré rotuladores.
Supongo que quería escribirte un cuento
para leer a la salida de los supermecados
de esos en los que nunca hicimos la compra juntos.

A veces me iba, precisamente por eso,
tenía recados que hacer.
Tú desfilabas en la linea tres del metro
hacia el sur de mis caderas.
Nos despertaban campanas y brillos
y nos creimos que habitabamos una canción.
O que no mentían los niños
en el parque.
Pero se equivocaban
hay más motivos para dar besos en la boca
que la más bella historia de amor.
Qué importa ahora que sí lo nuestro si lo era.

Cumples años en Londres,
y eso está demasiado lejos.
Asi que esta noche
ni nunca
vamos a lamernos las heridas.
A construir cuentos nuevos
para que brille
la maldita naturaleza de esto sol de invierno.
Las fronteras que se saltan algunos idiomas
con tal de entendernos.

Ya sabes, subes al metro,
coges el cuaderno,
escribes algo
respiras profundo
y ya está.
Eso es todo lo que necesita este mes tan frío.
Eso y las mantas que perdimos
y los eclipses que nos ganaron la partida.
Los jueves que terminan desembocando en tragedias
y los viernes que vienen a besarte en la boca.
Aunque eso no lo sepamos.
Ni tú ni yo,
ni quizá nadie.

Los viajes de mi vida,
alrededor de algunos cuellos.
Bosque de pinos
y pan de pallés para merendar.
Se avecinan
la tormenta y los preludios.
Las noches en las que ya no
más
nunca jamás.
No contigo
quizá tampoco conmigo.

Pero ¿sabes?,
sólo eramos poetas
comiéndose el mundo.

Tuesday, January 24, 2012

A veces las vidas se construyen a medias y es difícil que sigan teniendo sentido a solas

Aquella pareja, con la que compartimos sofás nosotras, las tres. Que, total, entrabamos de sobra, y a Sandra le enterneció tanto que él le dijera a ella ‘vaya, yo lo que quería era traerte al sitio junto a la ventana’.

Eran… eran sus gafas, de pasta y silueta, o su aspecto.


La forma de moverse, de hablarse, de tocarse despacio… la delicadeza con la que leían revistas y las apartaban luego, y bebían vino y se besaban pequeño. Los gestos con que ella invitó a él a marcharse a casa, qué importa de quién, si estaba cerca. Y esa manera con la que él le preguntó ‘¿te apetece?’ justo antes de empezar a hacerse el amor, o follarse mutuamente, si es que acaso hay diferencias. No era necesaria la pregunta, no a esas alturas de la noche, no tras haber subido a su piso sin necesidad de excusas, con un ‘vente’ en boca ajena y un ‘vale’ en la propia. Y giraban las manos en torno a los cuerpos, como quién se agarra al trapecio y cruza la pista con los ojos cerrados y loa brazos bien estirados.

Se les olvidó desayunar, o si lo hicieron sería un zumo recién exprimido. Aquella mañana, cuando todo el frío recayó sobre la ciudad y el calor del mundo escogió sus cuerpos. Aunque la mañana no existió, ya nunca lo hace. Y él se asomó a la ventana cuando el sol estaba tan arriba, y su sombra era exageradamente pequeña. A ella, por su parte, se le ocurrió una sorpresa, para su cumpleaños, o para un día cualquiera. Y no dijo nada.


Pasó el día, volvieron a la cama tres, o cuatro, veces. Tal vez nunca salieron de ella. Y a las ocho en punto de la tarde, cada uno con su respectivo portaminas de acero, repasaron, él sus clases del martes, ellas unos diseños pendientes. Y se retorcieron entre cuadernos con tapas de cuero y hojas blancas. Se besaron, otra vez pequeño, y nunca encendieron la tele. Creo que ella propuso poner un disco de Meiko, y que a él no le salía de la cabeza Jack Johnson desde que lo escucharon anoche, con el vino. No importa. Llegaron a un acuerdo, que tampoco importa. Hicieron la cena a medias, dejaron los platos sin fregar y el uno le propuso al otro ‘ya para la hora que es, te podías volver a quedar a dormir, y mañana sales desde aquí’. Y ‘sí, estaría bien, pero necesitaría otra ducha, y una camisa, y algo de ropa interior’. ‘Pues para otra vez’. ‘Sí, para otra vez’. Aunque lo cierto es que ‘otra vez’ se convirtió en media hora después, el tiempo de ir a casa, recoger el par de cosas y volver.


Ahora leen, los dos, con pijamas de rayas grises y blancas, y algodón, sobre otro sofá.

Y es tan hermoso.

Monday, January 23, 2012

Un cuello,
menudo,
que huele a vainilla.


Me mordiste
y me brotaron pecas.

Tuesday, January 10, 2012

Y ahora cada vez
que me siento en un andén,
tomo un metro o un tranvía,
espero al bus
o subo a cualquier otro
transporte público
escribo.
A penas leo.
Casi no escucho música.
Olvido observar a los viajeros,
pensar en mis cosas,
jugar con los niños.
Mirar por la ventana.

Friday, January 06, 2012

Hubo un tiempo en el que los reyes me traían palabras.
Supongo que, de alguna forma, aún hoy me las siguen trayendo.

Thursday, January 05, 2012

Se acaba el mundo.
Inventemos otros.